
DECLARACIÓN DE LONDRES
1 DE ABRIL 2004
Contexto
El proceso de globalización aumenta la interdependencia de los problemas mundiales y la brecha entre riqueza y pobreza. Los mercados son cada vez más globales pero la influencia de las instituciones políticas requeridas para su funcionamiento democrático, equitativo y eficaz disminuye día a día. Asistimos a la expansión de políticas aplicadas por las instituciones económicas globales que priman el mercado y las grandes corporaciones, endetrimento de aquellas que promueven un desarrollo humano sostenible como las previstas en las cumbres de las NNUU de los años 90 y del milenio.
El debilitamiento y la marginación del sistema de instituciones internacionales en cuestiones de paz y seguridad ha conducido al uso unilateral de la fuerza en los últimos acontecimientos bélicos (como en el caso de la guerra en Irak). En vez de promover la resolución de los conflictos mediante los procesos y normas establecidos a través de las NNUU, se imponen los intereses de la principal potencia mundial a través de la superioridad militar,sembrando más violencia en todo el mundo.
El actual sistema de instituciones internacionales, creado hace más de 50 años – un hecho muy positivo en la historia de la humanidad-, sufre deficiencias importantes que no le permite afrontar estos graves problemas actuales. Por ello, es necesario reformar las instituciones internacionales para que ahora puedan volver a contribuir a la creación de un mundo más justo, equitativo, diverso, sostenible, libre y pacífico y para que garanticen la implementación de nuevas políticas que persigan los grandes objetivos de la democracia global y la promoción de los derechos humanos, la paz y la seguridad en todo el mundo, el desarrollo humano sostenible y la diversidad cultural, así como el marco jurídico global.
Democracia global y derechos humanos
La democratización de las instituciones internacionales es una de las prioridades del proceso de reforma. Las instituciones internacionales deben actuar de acuerdo con los distintos intereses, necesidades y aspiraciones de todos los ciudadanos del mundo, lo que implica una redistribución justa del poder entre los países del norte y
del sur, así como poner en marcha nuevas posibilidades efectivas de representación y participación de los ciudadanos, de la sociedad civil, de los distintos niveles de gobierno, etc. en los foros e instituciones internacionales.
La transparencia, rendición pública de cuentas, desconcentración de poderes y el principio de subsidiariedad deben ser características fundamentales de esta democratización. Pero la democratización no atañe simplemente a las cuestiones de procedimiento sino que requiere el respeto y la promoción de los derechos fundamentales de los ciudadanos recogidos en la declaración universal de Derechos Humanos y en su desarrollo. Es necesario que los ciudadanos del mundo tengan representación directa en las instituciones internacionales1, y no sólo la tengan los estados en la Asamblea General de las NNUU.
La A.G. de NNUU debería evolucionar, con la progresiva unificación de las otras asambleas y conferencias generales existentes, hasta tener un papel central en el sistema, autoridad para adoptar resoluciones obligatorias y control efectivo sobre los otros órganos, agencias, fondos, programas e instituciones del sistema.
Todos los actores de la arena mundial deben tener una participación efectiva en las instituciones internacionales2, y deberán tenerse en cuenta diversas formas de representación para cada una de ellas.
Paz y seguridad
Las instituciones internacionales deben mejorar sustancialmente su capacidad para prevenir conflictos y mantener la paz. Para ello es necesario trabajar hacia un sistema colectivo de seguridad humana que consiga la progresiva desmilitarización y la utilización de mecanismos judiciales, de arbitraje, etc. para la resolución de conflictos.
Los órganos encargados de dirimir los temas de paz y seguridad deben recoger de forma equilibrada las perspectivas de todo el mundo y tener capacidad para hacer cumplir sus decisiones.
Para ello el actual consejo de seguridad debe reformarse para, quedando bajo la supervisión real de la A.G. de NNUU, tener una composición representativa de todas las regiones del mundo. Es necesario limitar el uso del veto a determinadas cuestiones, con la voluntad de evolucionar hacia su abolición y hacia un sistema de mayorías calificadas en cuestiones de gran relevancia.
Estas reformas deberían posibilitar la resolución efectiva de todos los conflictos, el desarrollo de mecanismos efectivos de prevención de conflictos -con la participación de organizaciones regionales- y la existencia de una fuerza de paz efectiva mundial. Todo ello debe ir acompañado de un proceso global de desarme -en especial, del armamento no convencional pero, en general, de todo tipo- con la definitiva recuperación de un clima de confianza entre todos los países del mundo.
Desarrollo humano sostenible y diversidad cultural
Las instituciones internacionales también deben mejorar su capacidad de gestión macroeconómica global mediante políticas económicas, comerciales, sociales y ambientales que tengan en cuenta los intereses de todo el mundo – y en particular de los más débiles. Para ser capaces de solucionar los graves problemas de pobreza y desigualdad en el mundo todas estas políticas deben abordarse de forma integrada y coordinada y deben estar supeditadas a la primacía de los derechos humanos. Es imprescindible establecer una jerarquía en la legislación internacional que promueva la coherencia entre las políticas económicas y los derechos sociales y las problemáticas medio-ambientales.
Para todo ello, deben ponerse en funcionamiento mecanismos de coordinación de políticas financieras, económicas, sociales y ambientales globales. Una propuesta que recibe un apoyo amplio de distintos sectores es la de reformar el actual ECOSOC (Consejo económico y social) para convertirlo en un Consejo de Seguridad Económico, Social y Ambiental con autoridad efectiva sobre las agencias, fondos y programas de NNUU, las Instituciones de Bretton Woods y la Organización Mundial del Comercio. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial deberían retornar a sus mandatos originales (equilibrio monetario y macroeconómico mundial -FMI-; reconstrucción y desarrollo -BM-), establecer un proceso de toma de decisiones democrático y quedar efectivamente integrados dentro del marco de NNUU. La Organización Mundial del Comercio debe volver a fundarse en el seno de NNUU y, junto con la UNCTAD, diseñar políticas comerciales mundiales apropiadas para promover el cumplimiento de los DDHH y las regulaciones sociales y ambientales globales. En este contexto, las NNUU deben afrontar urgentemente el establecimiento de un marco regulador de los flujos financieros mundiales.
Estas reformas deberían posibilitar la solución definitiva del problema de la deuda externa, eliminar los paraísos fiscales, establecer mecanismos de cooperación fiscal mundial y tasas globales así como promover el aumento de la Ayuda Oficial al Desarrollo. Todo ello permitiría co-financiar el funcionamiento de las instituciones internacionales y establecer fondos de cohesión mundiales para el desarrollo. Sólo de este modo podrá garantizarse el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y promover un verdadero desarrollo humano sostenible que preserve tanto el patrimonio como la diversidad ambiental y cultural del planeta.
1
De acuerdo con una propuesta bastante extendida, se podría trabajar hacia la creación de una asamblea parlamentaria, que participaría en el establecimiento de normas internacionales, podría hacer recomendaciones y ejercer control parlamentario sobre otros órganos del sistema.
2
A ejemplo del funcionamiento de una de las más antiguas instituciones multilaterales – la Organización Internacional del Trabajo -, podrían crearse asambleas específicas que garanticen la participación de los distintos niveles de gobierno y de los actores de la sociedad civil, entendida en un sentido amplio, en las instituciones que les incumban.